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America Cuau Beenhakker

El día que ‘Cuau’ definió un Clásico espectacular

Era un joven que pintaba para leyenda

Por: Gustavo Damián Palacios | Twitter: @GusPalacios7

Era el penúltimo Clásico Nacional en la era de los torneos largos del futbol mexicano, la jornada 11 de aquella campaña marcaba una cita en el Estadio Jalisco a las 12:00 horas del domingo 13 de noviembre de 1994.

La joven sensación del americanismo, Cuauhtémoc Blanco Bravo venía incrementando su nivel futbolístico, en la fecha tres de ese certamen se le dio la confianza de ser titular, algo que no desaprovechó en lo más mínimo.

Después de siete encuentros iniciados, el holandés Leo Beenhakker decidió darle continuidad al prometedor talento americanista de iniciar el partido grande de la temporada frente a Chivas junto a Adrián Chávez, Juan Hernández, José Rodón, Raúl R. Lara, Raúl Gutiérrez, Rafa Bautista, Joaquín del Olmo, Kalusha Bwalya, François O. Biyik y Luis Roberto Alves ‘Zague’.

El duelo tuvo 60 minutos trepidantes, Kalusha hizo el primero en un remate preciso desde fuera del área, un doblete de Ramón Ramírez, en la recta final del primer tiempo, le dio ventaja al rebaño. El nayarita cobró un tiro libre desviado por Del Olmo y después aprovechó una pelota en el área para ponerla en el ángulo lejos de las manos de Chávez. Biyik no dio oportunidad de festejar a los de casa y un minuto después igualó el score con tremendo remate al arco de Celestino Morales, Daniel Guzmán hizo el 3-2 por la vía penal antes del descanso, pero Zague empató al minuto 55 en un error grave de Turrubiates en el área fildeando un saque de manos, el balón botó y Luis Roberto le ganó a Celestino para poner el 3-3.

El empate no parecía seguro con el nivel que ambos estaban mostrando en la cancha del Jalisco, y era el momento de que un héroe diera el paso hacia el frente.

Cuauhtémoc Blanco se coló al área en el minuto 66, totalmente solo aprovechó un servicio de Joaquín del Olmo en pelota parada, y desde el corredor derecho del área la esférica viajó a segundo poste para que Cuauhtémoc, en aquel entonces con el número 23 en los dorsales, se elevara y clavara su remate en el ángulo de la portería defendida por el rebaño.

Así se estrenó Blanco en los Clásicos, así dejó su marca en este partido tan especial para el futbol mexicano el ídolo del América, en uno de los duelos más espectaculares que han dado los dos grandes del balompié nacional azteca.

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